martes, 1 de marzo de 2011

"Yo soy como una casa"






Yo soy como una casa






Mi casa es hermética como la noche y abierta como la madrugada.


Tiene un desván que no necesita luz para ser visitado -aunque no cualquiera se atreve a acceder a él- porque es solitario como la ignorancia, sonoro como la gran herida del mundo, mullido como el grito de la soledad del mar...; los escalones que conducen a él son de un color verde esmeralda y están plagados de paciencia.


Sus habitaciones son campos, sembrados de nostalgia, que nadie recorre porque olvidé la llave principal en algún lugar y desde entonces permanecen aisladas viajando con el viento que entorna las ventanas.


Alguien, sólo alguien me provoca, alguien que hace parada en el corazón de la cocina, que eleva sus guisos a la humildad de la esperanza.


El salón es como la herencia de los siglos, la nevada espuma que discurre gozosa albergando el albor de la palabra, la consonancia, el entendimiento; es como la mirada de un niño que penetra mis ojos meciéndome el alma.


El jardín es como una cascada que expande sus aguas, que exhala su fragancia en cada poro de hierba.


La buhardilla es como un rebaño de unicornios, de soles que me estiman.


Mi casa es grande, es una gran casa; por eso mi casa está poblada por pájaros azules; es la morada donde los pasajeros alados –como yo- transmutan, renuevan sus plumas, y prosiguen el vuelo hacia otros países.


Mi casa fue empezada por el tejado, ahora apuntalo sus muros.


No obstante mi casa está ubicada dentro de otra casa.


¿Por qué me voy de mi casa cuando quiero quedarme?







(Autor: Laura Olalla. R. los D.)





jueves, 24 de febrero de 2011

"Carta al sueño del olvido


“Carta al sueño del olvido”


Marilia se acerca al segundo domingo de agosto…

Juan Carlos se aferra al ordenador desordenado para dar cuenta de su ejercicio técnico…

Simón visita su ciudad natal ofreciéndose al estío del verano. El viernes telefoneó a Marilia; el sábado, lo olvidó; el domingo practica la espera…, ¿se decidirá Marilia a marcar su número el lunes?.

¡Cuánta obsoleta osadía contiene el barco de los olvidos!, podría decirse que el deseo amoroso se templa en la distancia…

¿Qué estruendo descomunal de heridas exige el laberinto de las ausencias?

Distingo al conversador silencioso en la austera hora del día, también de la noche; en la tarde arropo mi tiempo concursando en libres recuerdos de memorias ajenas – dado el caso me recreo en ello-.

¡Dónde estás, rúbrica de adhesión temporizada!, ¿derramando emotividades contenidas desde siglos?. -Qué ameno tu silencio-, te favorece el espejismo indeleble del alma.

Que no te enoje mi existencia ni detectes malicia en mis palabras, pues como fénix que resurge soy del cielo tu brisa.

Limitaciones limítrofes proyectan los posibles anhelos y un sinfín de oquedades deliran en orgías nuevas.

Insomnios permitidos adivinan los encuentros, mas antes de decidir qué sonambulismo exigen, el agua azul del sosiego se estremece ante mis ojos; rebosa su color marino en mis manos que amasan la ternura de un rostro, mientras, dos cinturas se contonean al son de ritmos latinos…

Ah, si vienes a comer no te olvides de esa botella exquisita que gratifica el espíritu.

Marilia

(Autora: Laura Olalla)


La vida que nos observa...



“Carta al recuerdo”


Estoy sola en la espesa penumbra de mi mente que somete su majestuosidad al insomnio.

-¿De veras crees que vas a posponer tu censura al libre albedrío de los muertos?, la instigo. Divagas entre círculos febriles la hermosa manera de crear y vegetas, pálida, al encuentro de unidades libres, siempre ensayando, involucrada en el deseo.

Estoy sola y nunca mejor acompañada; claves secretas maduran, transportadas en luces que trascienden la barrera de un presente gigante en voluntad. Intento el equilibrio, un sigiloso ermitaño, que la haga comprender que es muy corto el camino..., irreproducible. Sus notas me llegan heliotropas, por sorpresa, más allá de un encierro forzoso, animado de gentil vocablo. Inmerso en la inflexión del deterioro, palpita un regazo. Un hombro sonoro, de un sonoro viento, se acerca a decirme que ya es tiempo de emprender nuevos vuelos, que el recuerdo perdura para itinerar olvidos. Y la estampa que de niña veía en mi rostro hoy se abre a un todo de nuevos retoños con la complicidad expansiva del recreo diario.

Estoy sola y mis pies avanzan por un sendero de amapolas que prenden en un huerto; donde el placer de su saber culinario fortalece el cuerpo y el alma de quienes se acercan cada día a saborear la festividad de este almuerzo.

Risueños los párpados, exquisito el placer que ostenta el compartir amigo, esta amante del verso quiere recordaros que la estancia en esta habitación de corazones abiertos, no es página en blanco sino el trasiego de un cálido y gratificante puerto.

Siempre en el recuerdo....

(Autora: Laura Olalla)